A medida que los días se acortan, tu ritmo cambia de forma natural.
Cierras las cortinas un poco antes. Enciendes una vela antes. Te mueves menos, te quedas más en casa.
Y de repente te das cuenta: la luz juega un papel más importante de lo que pensabas.
No es sólo dónde cuelgas la luz, sino también qué tipo de luz emite lo que determina la sensación que transmite un espacio.
Y todo empieza con la temperatura de color de la bombilla, medida en Kelvin.
Quieres saber la temperatura de color correcta en el lugar correcto. Por eso te hemos preparado una guía de iluminación doméstica.

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La mesa del comedor cambia en otoño.
Por la mañana, es el lugar donde se toma el primer café a primera hora de la mañana.
Por la tarde, puede que alguien esté trabajando allí, con el portátil abierto y los libros extendidos.
¿Y por la noche? Se convierte en el lugar donde comer, ponerse al día o jugar a juegos de mesa hasta bien entrada la noche.
En este caso, necesitas una luz capaz de todo.
Lo bastante cálida para crear ambiente, lo bastante luminosa para ver con claridad.
No a la luz de las velas, pero sí acogedora.
3500 Kelvin es exactamente eso: luz que abre el espacio sin apoderarse de él.
Se ve lo que hay que ver, pero la suavidad permanece.
¿Y si giras la mesa un cuarto para que todo esté en su sitio (o para hacer sitio a los invitados)? Tu luz se mueve con ella gracias a Lightswing®.
El resultado: un lugar donde el día puede empezar y terminar.
El otoño exige una iluminación acorde con el momento.
Suave donde te relajas, luminosa donde necesitas concentrarte.
Con la bombilla y la posición adecuadas, tu casa mejorará al instante.